En Palermo, entre las montañas del Huila, Colombia, Andrés Felipe Quintero y Diana Margarita Ortiz comparten un proyecto: producir cafés de calidad mientras cuidan su entorno.
Su historia comienza en enero de 2015, cuando adquieren la finca La Esmeralda con el apoyo de sus familias. Allí desarrollan una caficultura cuidadosa en cada etapa, desde la selección de las cerezas hasta el secado, para resaltar los aromas propios de su tierra.
Para sus cafés lavados, utilizan equipos de bajo consumo de agua y realizan un secado lento bajo cubierta, lejos de los rayos directos del sol. Una forma de trabajar que combina precisión, respeto por el producto y conservación de los recursos naturales.